Comunidad Líderes de Fraternidad

Sobre la instauración de la tradición de los Líderes de Fraternidad

Todas las medidas de políticas públicas de los últimos años y décadas descansan sobre un paradigma que no comparte el Colegio: que todos los actos humanos sean predecibles o controlables, o que una ley o reglamento pueda impedir la ocurrencia de accidentes, o que por estar reguladas ciertas obligaciones las personas puedan controlar los hechos de la naturaleza.

No existe ni un sólo estudio ni conocimiento universal que justifique semejante arrogancia o creencia humana. Por el contrario, toda evidencia en la naturaleza que son leyes de ésta, sean o no conocidas de los seres humanos, las que regulan lo que es natural y las circunstancias del progreso, evolución o desarrollo, así como de los incidentes, accidentes, circunstancias incontrolables por los humanos. Creer aquello es como creer que para que las personas sean virtuosas, responsables o generosas basta que se dicte una ley o se amenace con severas sanciones.

Un mínimo de humildad humana debiera permitir reconocer que no fueron los seres humanos los que decidieron hacerse hombre y mujer, o crear las circunstancias para procrear y mantener una familia, o decidir si hay o no accidentes en la vida y en los hechos de la naturaleza.

Esa humildad permitiría reconocer que lo que nos cabe como seres humanos es la responsabilidad, no el derecho, de hacernos cargo de nuestros actos, de responder de nuestras acciones, de procurar en todo momento de actuar con rectitud y apego a la paz, al honor, a la fraternidad o a la justicia. Y el verdadero sentido que reconocemos a la educación es el de proveer al ser humano de las condiciones adecuadas para que ejerza, en libertad y responsabilidad combinadas, sus fuerzas y capacidades de virtud que le caracterizan en tanto humanidad con conciencia individual.

Todas las organizaciones sociales constituyen redes de relaciones y organismos intermedios entre la sociedad, la organización colectiva, la persona, la organización individual.

Cada una, a nivel personal o a nivel social, requiere para su vida sana de cierto orden y condiciones tales, que en ellas cada componente sienta satisfacción y, también, experimente el desarrollo de sus mejores capacidades y virtudes. Así, a nivel de la sociedad las relaciones e integración se dan entre las personas y las organizaciones intermedias y, a nivel de las personas, se dan entre los pensamientos, emociones, instintos y energías de toda clase.

Cuando sus respectivos integrantes tienen conflictos, cesa la armonía en su interior y con el exterior, haciéndose propicio campo de cultivo para la violencia, la agresión y la ofensa, hasta que a nivel de la sociedad o la personalidad, se cae estrepitosamente en la degradación, la anarquía, y en suma, en la destrucción.

A nivel social, hubo un tiempo en la antigüedad en que los seres humanos no requerían leyes, o, al menos, requerían muy pocas, porque en esos tiempos se consideraba la palabra sagrada y se temía por las consecuencias graves que tenía el faltar a ella, como también al fallar en el respeto a los otros, ofender y dañar a los otros injustamente. Pero, lamentablemente, con el tiempo, cada vez se hizo más necesario que se dictaran leyes, porque al mismo tiempo que desarrollaban su capacidad racional desarrollaba su capacidad beligerante, con lo cual los ciudadanos se fueron tornando cada vez más incapaces de solucionar sus conflictos por sí mismos y, entonces, debieron recurrir a jueces, abogados y a una estructura de solución de conflictos.

Lamentablemente, con el transcurrir del tiempo y de esa anomalía, al mismo tiempo de hacerse más materialista la relación humana, se ha venido confiando más en factores externos que en los internos para lograr soluciones y satisfacciones. No es casualidad que en nuestros tiempos cada vez que se detecta un problema en la sociedad, a nivel colectivo o individual, se propone rápidamente alguna ley, esperando crédulamente que con ello se eliminara el problema que la origina. La ley se ha convertido en una especie de Dios, al que se pide y del que se espera lo que en forma individual o colectiva parece que no podemos alcanzar.

Esta supuesta necesidad de una solución externa y material, ha llevado a confiar ciegamente en que “otros” solucionarán nuestro problema, en que nuestros “derechos” serán respetados por “alguien”, por los “otros”. A nivel individual se está dando el mismo fenómeno. Los adultos hemos perdido el sentido de la responsabilidad y el sentimiento de lo verdadero.

No nos hacemos cargo de los desórdenes de nuestro organismo, sea a nivel físico, energético, emocional ni mental; no nos hacemos cargo de la responsabilidad de escoger la sana alimentación desde los niveles físicos hasta mentales.  Todo ello ha terminado por horadar la voluntad individual y la confianza en que podemos auto gobernarnos, que podemos hacer mucho por nuestra salud y nuestro desarrollo. Este asunto también concierne al proceso educativo, obviamente.

Así, la necesidad de contar con mecanismos y reglamentos para solucionar los conflictos y mantener el orden en la sociedad y en cualquier organización, también ha debido llegar a la organización que forma nuestro Colegio y a sus redes de relaciones internas.

En ese contexto, entendemos que la virtud no es una cuestión de opiniones, sino de la conciencia que podamos alcanzar acerca de nuestras responsabilidades, ya que esa es la única fuente de una auténtica libertad, razones por las cuales hemos querido iniciar una tradición en esa dirección, la de los líderes de fraternidad.

¿Por qué de Fraternidad?

 

Es importante la tolerancia, pero cuando la tolerancia conlleva la mera aceptación es, si no inútil, una fuente adicional de agresiones recíprocas, porque genera a lo sumo gestos de indiferencia o, abiertamente, la agresión pasiva, es decir, el “tolerante” se constituye en víctima del ofensor que ofende en nombre de la tolerancia y lo mismo ocurre si no conllevan responsabilidad y compromiso. La generosidad falsa se disfraza de tolerancia: “le tolero y le acepto”, sin tener en cuenta que las relaciones entre virtud y vicio no son simétricas. Un caballero cortés enfrentado a un delincuente o un agresor vicioso no podrá actuar de la misma manera, él, seguramente se abstendría del abuso mientras éste otro aprovecharía si pudiera de darle golpe mortal por la espalda. La simple tolerancia es nefasta y festín para los que cultivan vicios, violencias y perversiones.

En cambio, en la idea de la fraternidad, están implícitas las ideas de tolerancia y aceptación, pero, sobre la base de que cada uno tenemos deberes y responsabilidades, que cada uno tenemos y debemos tener conciencia sobre los efectos posibles de nuestros actos. Tenemos en común la naturaleza humana y espiritual que nos hace hermanos en la humanidad, de lo cual se deriva de manera natural la responsabilidad y el compromiso. La responsabilidad permite controlar nuestros actos y evitar los abusos sobre nuestros hermanos menos afortunados o que más o menos fuertes, nos necesitan.

En suma, la fraternidad es una cuestión de conciencia de que somos hermanos, que formamos la familia de la humanidad y que todos somos hijos de ese misterio Dios, como sea que lo concibamos, nuestro Padre común y que debemos uno al otro amor y cuidado.  Entonces, el mensaje a nuestros jóvenes no puede ser simplemente de tolerancia, sino de valentía para resistir al vicio y al mal, de generosidad para cuidar del bien de todos y de fortaleza para superar debilidades, dificultades y también para superar soberbias y miserias.

Nuestro desafío consecuente es lograr que anide en el corazón de nuestros jóvenes ese principio fraterno que nos coloca en la necesidad de escuchar al otro, de actuar ante la injusticia y la agresión en forma pacífica, con las solas armas y fuerzas del alma y de lo verdadero, como lo enseñaron Jesús en el cristianismo y Krishna en el hinduismo; como lo practicaron y enseñaron también Francisco de Asís y Mahatma Gandhi. La conducta consciente, facilita el acuerdo como instrumento de paz y justicia es esencial, para forjar la tradición necesitamos comprometer el protagonismo de los jóvenes, con el ejemplo de los adultos. La tradición de los Líderes de Fraternidad se constituirá por los mismos jóvenes, que deberán elegir cada año a quienes representen entre ellos los ejemplos de rectitud, de capacidad de conciliar, de portar la paz y la justicia, de encontrar el modo en que la convivencia porque alegría, ganas de crecer y aprender, anhelos por una sociedad en la que las leyes no sean tan importantes como la virtud y la conciencia.

Los Líderes de Fraternidad tienen por misión lograr incorporar entre sus pares el ánimo y fuerza de la fraternidad como modo de convivencia. En ese espíritu, su actuación ayudará a prevenir los conflictos, pero lo más importante, su misión será gestar una tradición muy especial, la de que los propios estudiantes sean capaces de evitar y resolver conflictos por sí mismos, de manera franca, cálida, afectuosa, justa, valiente, fuerte y generosa.  En este sentido, la imagen de la plegaria de Francisco de Asís, en donde expresa la responsabilidad de portar armonía donde halla discordia, de comprender antes que esperar ser comprendido, de dar antes que esperar recibir, constituye un excelente camino de comprensión de lo que se quiere decir desde esta nueva tradición.

Entre los jóvenes habrá muchos que no entenderán esto, ni siquiera entre todos los adultos lo entenderán. Sin embargo, tenemos fe y convicción que alguna vez se impondrá esta tradición y los jóvenes de nuestro Colegio saldrán a la sociedad mirándola de frente, capaces de portar a la educación superior, al trabajo o a la familia, a sus templos o donde vayan, la fuerza de la virtud, de llevar allí su palabra y hacer que sea respetada respetando y exigiendo la palabra de los otros, portando un sentido de justicia y la libertad que sólo pueden coexistir donde haya responsabilidad y fraternidad.

Ese aprendizaje y las nuevas experiencias que conscientemente promovamos entre la juventud pueden y deberán comenzar desde ya, desde los procesos de elección de líderes en los cursos, desde la elección de los Líderes de Fraternidad, desde la ejecución de los Consejos de Curso, desde las conversaciones con y entre Profesores. Incluso, cuando se produzcan conflictos de convivencia, éstos se deberán transformar en campo propicio para esta clase de aprendizaje. Mientras se produzcan conflictos entre los estudiantes en su convivencia, y requieran ayudas externas para su solución evitando toda forma de agresión y ofensa, podrán constituir el Tribunal de Fraternidad, como está reglado en el Reglamento.

 

Este será un medio eficaz de autoorganización y participación responsable.